martes, 23 de mayo de 2017

Entrevista a Óscar M. Prieto "40"

40 – Óscar M. Prieto


Miriam: Gracias por venir a este sitio de bien con tu nuevo libro. 

Óscar: Gracias por seguir por aquí y abrirme de nuevo las ventanas.

M.: He ido anotando preguntas según leía la novela, así que allá van, desordenada y locamente.

Ó.: Intentaré contestarte por orden pero no descarto del todo la locura.
 
M.: ¿Qué escritura haces, automática o meditada?
 
Ó.: ¿Automática? Decía Raymond Chandler que con el tipo de tramas que se escribían (hablaba en los años 40) no sería de extrañar que pronto las escribieran máquinas. En un capítulo de los Simpson creo recordar que salía una sala de guionistas de unos estudios de cine y al entrar eran todo monos sentados delante de pantallas de ordenador. No, no escribo automático, eso lo dejaré para cuando un psiquiatra me pida respuestas sin pensar. La diferencia entre la vida y la escritura es escribiendo tienes la oportunidad de meditar, de pensar cada verbo, cada acción, de volver atrás y de rectificar, de corregir. Para escribir prefiero aprovechar esa ventaja y dejar la espontaneidad para vivir.

M.: Sospecho que el nombre del protagonista está relacionado con el que le has puesto a tu blog, ese universo tan tuyo. Háblame de él.

Ó.: Te refieres a Patacosmia. Una aventura feliz en la que me lo pasé muy bien descubriendo y creando ese universo surrealista y libérrimo, de palabras e imágenes. Pero no, el nombre de Cosmo nada tiene que ver con ello. En realidad viene de una serie de televisión, una que me ha hecho pasar muy buenos ratos, Senfiel, en la que uno de sus personajes se llamaba Cosmo Kramer. Creo que esto no tiene demasiada importancia, quizás por eso sea necesario contarlo.
 
M.: ¿Por qué tus personajes tienden a sufrir problemas cardiacos?
 
Ó.: ¡No me había dado cuenta de ello! Pero es cierto, Palmer y Cosmo y también en parte Aldous tienen algún problema cardiaco. Es más, Palmer fue trasplantado y tiene un corazón de mandril. Es curioso, sí. Los tres son personajes andan un poco perdidos y supongo que el reflejo de uno mismo en el cristal de la lámpara de un quirófano debe de ser una imagen poderosa, persuasiva, para comenzar a buscarse.
 
M.: Leyéndote sospecho que uno de tus escritores es Cortázar. ¿Qué otras obras te inspiran?

Ó.: Bueno, creo que no hace falta ser Jessica Fletcher para descubrir que Julio Cortázar es una de mis pasiones. En “40”, le tributo un pequeño homenaje y su Horacio y a La Maga, que quedaban sin quedar, sin fijar hora ni lugar para la cita.

Portada de 40
40 por Óscar M. Prieto (ISBN: 978-84-16613-64-9) editado por EOLAS ediciones

Un escritor debe ser primero un apasionad lector. Sólo así se aprende. Y se aprende de los libros buenos, pero también de los malos. Con los años he ido conformando un círculo más íntimo de escritores a los que visito con frecuencia y con placer. Es un grupo heterogéneo que incluye a los trágicos griegos, a Montaigne, a mis queridos surrealistas, como Crevel o Viant, a algunos eslavos que siempre me sacan del camino, Pavic y Danilo Kis, no faltan italianos, Pavese, Calvino, Erri de Luca, me gustan los franceses, Michaux, Michon,… En mi lengua materna casi todos y Borges siempre. Lo importante es leer, aunque sean prospectos de medicamentos a su Horacio.

M.: Vaya tela con el primer capítulo. Cuando uno pensaba que no había nada peor que terminar un día en las urgencias de un hospital, va y resulta que sí.
 
Ó.: A veces nos quejamos por un catarro sin darnos cuenta de que hay cosas mucho más graves. Tenemos tendencia a resaltar lo malo que nos sucede sin poner en el otro platillo de la balanza todo por lo que deberíamos considerarnos afortunados. Como no sabemos que nos puede suceder mañana, hay que aprovechar cada instante y vivirlo con ganas. De esto va la novela. Pero bueno, al final, eso que tú dices todavía peor del primer capítulo, no fue tan malo, al contrario, fue una suerte para Cosmo. En nuestra mano está convertir aquello que nos viene en una oportunidad.

M.: Hay un montón de saltos temporales en la novela. Muy precisos y detallados...
 
Ó.: Sí, siempre me han divertido los saltos temporales, me parecen una forma muy interesante de contar una historia. Creo, además, que son más fieles a la realidad, porque la realidad nunca es lineal y mucho menos nuestras vidas. Vivimos saltando constantemente del presente al pasado, del pasado al futuro, del recuerdo al objetivo, de la nostalgia al deseo. Pero sí, es cierto que en “40” he sido un saltarín en el tiempo. Siempre es arriesgado, así que me alegro que a ti te hayan parecido precisos y detallados.
 
M.: De un apasionado encuentro, a un hospital y luego a una comisaría, pobre Cosmo.
 
Ó.: Para nada pobre, al contrario, yo diría afortunado Cosmo, porque todos esos acontecimientos repentinos, inesperados, le sacaron de la rutina de una vida fácil, blanda que ya le aburría, le pusieron en movimiento, le despertaron. Afortunado porque supo darse cuenta a tiempo de que la vida es riesgo y aventura.
 
M.: Cosmo odia la novela histórica ¿y tú?
 
Ó.: He aparcado los apuntes de Historia para contestar a tus preguntas. Tengo examen el jueves. Yo no odio la novela histórica, pero creo que como género literario provoca efectos perniciosos. Hace daño a la Historia, a la Literatura y me temo que también a los lectores. Si me interesa algún episodio o alguna época histórica, prefiero leer un buen ensayo.
 
M.: Cosmo tiene citas con el destino. ¡Qué peculiar!
 
Ó.: Todos tenemos citas con el destino, con nuestro destino. Por destino no entiendo algo escrito antes, nada predeterminado. Cada uno tiene su propio destino y es único, irrepetible e intransferible. Somos nosotros mismos quienes lo vamos escribiendo con cada decisión que tomamos, sólo nosotros somos responsables. En “40” el destino es junto a Cosmo el protagonista, porque al final son uno y el mismo.
 
M.: Otro de los destinos de Cosmo es la aurora boreal, ¿por algo en concreto?
 
Ó.: La aurora boreal es uno de los espectáculos más sobrecogedores que se pueden contemplar. Es tan grandiosa que nos da la medida de nuestra pequeñez y al mismo tiempo la alegría de disfrutarla. La vida nos hace regalos cada día que no cuestan dinero: el silencio de un bosque, las nervaduras en las hojas de un repollo de berza, un sendero de hormigas, la quietud de los árboles, la corriente de un río, las estelas que dejan los aviones en el cielo… Todo al alcance de todos, si abrimos los ojos.
 
M.: Hay un cambio narrativo importante respecto a "Love is game" o "Berlín Vintage". ¿A qué se debe?
 
Ó.: No sé si se trata de un cambio, quizás de una evolución. No se debe escribir siempre la misma novela. Hay que salir de las sendas que ya han sido transitadas. Qué aburrido sería siempre lo mismo, para mí y para los lectores. Pero sí, “40”, es una novela diferente.
 
M.: Y acaba el capítulo III con una bofetada, justo cuando habíamos olvidado a Gestas.
 
Ó.: De eso se trataba. Somos seres precarios. Creemos que sabemos pero ninguno sabe lo que le puede suceder cada mañana al salir de casa. Nos gustaría conocer todas las claves pero, como las ignoramos casi todas, deberíamos aprender a afrontar lo que nos llegue, a aceptarlo y devolverlo al mundo mejorado. Es así como nos hacemos dueños de nuestro destino y sólo por esto debemos rendir cuentas.
 
M.: El Aleph de Borges, también es importante en esta obra, eso y la capacidad de dar nombre a las cosas.
 
Ó.: El Aleph es “donde se encuentran, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Así lo dice Borges y así nombré a un minúsculo trocito de monte de mi pueblo, en el que he plantado árboles y donde he escrito esta novela. En el Aleph y en Roma. Nombrar es la facultad que tiene el ser humano para aprehender la realidad.
 
M.: Hay cambios de narrador y de objetivo en el texto. ¿40 refleja tu nuevo estilo?
 
Ó.: En realidad no hay cambios de narrador en la novela, siempre es el mismo, lo que cambia es la persona. Es un narrador que comienza contando en tercera persona, para pasar después a la segunda persona y finalmente concluir hablando en primera persona. No se trata de un juego literario, en ello está parte de la esencia de la novela. Sobre si refleja mi nuevo estilo, qué quieres que te diga. Todas mis novelas han sido muy diferentes entre sí y supongo que la siguiente también lo será, aunque en todas creo que se puede escuchar la misma voz.
 
M.: Las ocho últimas páginas son de angustia pura y dura. A las 2:54 de la madrugada y seguía leyendo.
 
Ó.: Si he logrado que el lector, tú como lectora, llegues a las últimas páginas y sigas leyendo de madrugada porque no lo puedes dejar, porque necesitas saber qué va a pasar, entonces me doy por satisfecho, aunque a ti te haya costado levantarte al día siguiente.
 
M.: Me quedé con ganas de saber por qué alguien no le pagó el desayuno a otro alguien y qué fue de ella, ¿puede haber un spin-off en proceso por ahí?

Óscar M. Prieto
 Óscar M. Prieto (web)

Ó.: Bueno, aunque habían apostado un desayuno, nadie lo pagó porque se tuvieron que ir pitando a urgencias, parece una razón justificada. En las novelas no es diferente de lo que sucede en la vida, hay personajes que aparecen y luego se van.
 

M.: ¿Hay algo que quieras comentar y no te haya preguntado?
 
Ó.: Sí: SALVEMOS LA PLAZA DEL GRANO.
 
M.: ¿Qué proyectos hay para el futuro?
 
Ó.: Estoy con mi próximo libro, que será el libro de familia, porque me caso el 2 de septiembre.

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