miércoles, 7 de junio de 2017

Entrevista a Carolina Corvillo

Entrevista Carolina Corvillo



Miriam.- Lo primero que supe de ti es que eres escritora, guionista y letrista, además de madrileña.

Carolina.- Creo que se puede resumir en que soy amante de contar y escuchar historias. Al final todo se reduce a eso. En cuanto a lo de madrileña, mi padre es de Extremadura y mi madre de ascendencia toledana, así que no puede decirse que sea gata de pura cepa, pero adoro Madrid.

M.- Háblanos de “Yo desobedezco o cuento de Ámsterdam”, tu novela corta.

C.- Fue la primera novela que me atreví a sacar a la luz. La escribí hace unos cuantos años y la editorial independiente “Cassandra21” (que ahora se dedica a la autopublicación) la seleccionó para formar parte de su primera hornada. Esta novela, más allá de lo literario, tiene un valor especial para mí, porque es el texto con el que fui capaz de decir “aquí estoy y tengo algo que decir”. Aunque no es un relato autobiográfico, tiene algo que ver con la historia: el viaje de descubrimiento, rebelión interior y revelación de Sara, una chica de veinte años que visita la ciudad de Ámsterdam. Sólo que en mi caso fue menos sórdido y alucinógeno. De alguna manera, “Yo desobedezco o cuento de Ámsterdam” fue mi forma de decir “Yo desobedezco” en un sentido positivo, un cambio de actitud ante el mundo y ante mis circunstancias, una declaración de intenciones.

M.- También tienes un libro de relatos con tono humorístico.

C.- “Cantares no Autorizados del Reino de Nim” es una colección de relatos de fantasía humorística que decidí publicar por Amazon mensualmente, junto a las ilustraciones de Eduardo Gutiérrez García. La fantasía humorística me cautiva desde que descubrí a Terry Pratchett y siempre hay en mi corazón y mi inspiración un hueco para ella. Estos relatos también fueron el germen del mundo de Libra, un universo que he ido desarrollando a lo largo de varios proyectos de cómic con Eduardo Gutiérrez como dibujante.
Reservoir Cats

M.- Reservoir Cats, tu obra de teatro junto a Ricard Reguant, ha sido estrenada recientemente en Bucarest.

C.- Ha sido y sigue siendo toda una aventura. “Reservoir Cats” es mi primera pieza teatral larga, una comedia negra inspirada en el universo de Tarantino con mujeres como protagonistas. El planteamiento es similar al de Reservoir Dogs, con un desenlace inesperado, y los personajes tienen voz propia, así como conflictos y desarrollos diferentes a los de la película de la que toma el nombre. El estreno en Bucarest fue una experiencia que nunca olvidaré, tanto por la buena recepción que tuvo como por tener la posibilidad de ver muy de cerca cómo dirige Ricard Reguant. Ya había trabajado con él como actriz en “Hercules, el musical”, donde tuve un pequeño papel como ayudante de Zeus, pero estar ahí como co-autora me dio otra perspectiva del proceso. Ahora se están valorando las opciones de estrenarla en Madrid y Roma, pero aún no hay nada fijado.

M.- También le das al guion de comic. Esto, a mí que también escribo, me parece peculiarmente complicado.

C.- Desde que descubrí el cómic europeo me dije a mí misma que quería dedicarme a ello, concretamente después de leer la serie “Djinn”, de Dufaux (guionista) y Miralles (dibujante), obra que me sedujo por completo. Me fascina la increíble capacidad expresiva de este medio, su lenguaje y la libertad que permite. En cuanto a escribir cómic, fue un proceso que fui descubriendo por mí misma, aplicando cosas que había aprendido de guión cinematográfico y, sobre todo, leyendo muchos cómics de autores diferentes. Creo que hay un mundo muy vasto por descubrir y conquistar en este ámbito y esa idea me resulta excitante.

M.- Pero seguimos, porque escribes letras de canciones y además cantas.

C.- La música para mí ha sido un gran descubrimiento. Agradezco mucho a mi amigo Daniel Castro que me diera la confianza suficiente para hacer mis propias letras y melodías de voz con sus bases instrumentales. De ahí terminó surgiendo Sybiliam, grupo de electro rock inspirado en los mitos griegos, con un show basado en el dramatismo y la danza. Hace poco he fundado con Otto Speer Blacksleeves, un grupo de rock alternativo, de corte enérgico, melancólico e intimista. Ahora estamos inmersos en la grabación de nuestro primer disco. Para completar el triángulo, soy una de las integrantes vocales femeninas en Duendelirium. La música, en especial la creación musical, me completa, y el escenario es un gran maestro.

M.- Me da vértigo imaginar tu agenda.

C.- Mis amigos más cercanos me dicen que debería tatuarme al conejo de Alicia.

M.- Leo por ahí que a la hora de escribir sientes predilección por el drama psicológico.

C.- Cuando escribo narrativa me veo desarrollando historias de corte más intimista, ambientadas en el mundo actual; cuando escribo cómic, sin embargo, tiro más hacia el drama histórico, incluso a los tintes fantásticos, y a narraciones de dimensiones más grandes. Lo que tienen en común estas historias es la atención que le pongo al desarrollo de los personajes y sus relaciones, la profundización o, por lo menos, el intento de profundización en sus emociones, contradicciones y/o aspiraciones morales y deseos reprimidos. De momento, y a falta de un término mejor, utilizo “drama psicológico” para definir lo que creo que tiene en común toda mi obra. Otros elementos en común son el matiz erótico y las referencias a mitos y leyendas.


Carolina Corvillo - web

M.- ¿En qué andas metida actualmente?

C.- Ahora mismo estoy intentando mover mi segunda novela y un libro de relatos titulado “Hambre de Pájaro”, en el que he contado con la colaboración de la ilustradora Jone Bengoa, cuyo trabajo me enamoró desde el primer momento. Mientras, escribo mi tercera novela. También estoy en fase de documentación para un proyecto de cómic sobre África, con Eduardo Gutiérrez como dibujante. Entre una cosa y otra, saco tiempo de vez en cuando para seguir componiendo letras; es algo que me libera mucho y tengo la suerte de que Daniel (Sybiliam) y Otto (Blacksleeves) son compositores muy prolíficos, por lo que siempre tengo mucha variedad de bases instrumentales para elegir. Recientemente hice una colaboración en una canción con Chris W. Gray que espero que salga pronto a la luz.

M.- ¿Lista para los balazos? (preguntas rápidas de respuesta corta).

M.- Un musical:
C.- Jesucristo Superstar

M.- Un ejemplo a seguir:
C.- Jean Dufaux

M.- Un sueño:
C.- Poder escribir a tiempo completo

M.- Una canción:
C.- To Zanarkand

M.- Una obra de arte donde habitar: 
C.- Cualquier ilustración de Ana Miralles

M.- ¿Algo que quieras añadir y no te haya preguntado?

C.- Me gustaría mencionar “Dentro”, cortometraje dirigido por Facundo Tosso del que soy guionista, un thriller psicológico sobre un escultor obsesivo y su modelo. Lo financiamos por crowdfunding a través de Verkami gracias a unos generosísimos mecenas y contamos con la colaboración de un equipo técnico maravilloso: Ismael Issa como director de fotografía, Alejandro Lázaro como editor, Federico Pajaro en diseño de sonido, Rubén Algarra para efectos visuales... Los actores, Ramiro Alonso, Carolina Clemente y Javier Prieto dieron vida a mis personajes y, en fin, no podía haber imaginado un resultado mejor. En breves llegará el momento de compartirlo con el público.

M.- Gracias. 

C.- ¡A ti! Gracias.

martes, 30 de mayo de 2017

Entrevista Ana Elena Pena

Entrevista Ana Elena Pena


Miriam - ¿Cuánto tiempo llevas en esto de las letras?

Ana - Empecé a publicar en 2010-11, si es a eso a lo que te refieres. Pero siempre he escrito y rellenado diarios que destrozaba a los pocos años, cuentos, cómics, historias de terror para asustar a mi hermana…

M.- ¿Por qué te decantaste por la poesía? ¿Qué te empujó a ello?

A.- No sabría decirte, porque no ha sido un género que me atrajera especialmente hasta que empecé a conocer autores nuevos o escritores con los que me sentía más identificada, como Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Miriam Reyes, Bukowski, etc... Lo que te empuja el deseo de comunicar, de gritar, de molestar o de lamer heridas propias y ajenas. Ni siquiera considero que algunos de mis textos sean poemas estrictamente hablando, en cuanto a la métrica. Prefiero el verso libre porque me da más libertad narrativa y a veces utilizo la estructura y la forma únicamente para marcar las pausas. El lenguaje poético es rico en metáforas y simbolismos, tiene cierta musicalidad y eso es algo que intento tener siempre en cuenta.

M.- ¿Dejarías de escribir en algún momento?

A.- Nunca se deja de leer ni de escribir, sobre todo cuando aún no has logrado del todo juntar tus pedazos. Nos encontramos, además, en la era de la hipercomunicación donde todo, todo, lo hacemos por escrito y es necesario pulir y utilizar correctamente el lenguaje. Ya casi nadie se llama por teléfono. Cuando las compañías de móviles me ofrecen llamadas ilimitadas me da la risa. Pero, volviendo a la pregunta, igual escribiría menos si me ofrecieran un trabajo de verdad (es coña)

M.- Eres multidisciplinar. ¿Algún arte se te resiste?

 
Ana Elena Pena

A.- Muchos. El baile, la fotografía, la música, la escultura... No me considero especialmente talentosa en ninguna de las disciplinas que practico, sobre todo en el dibujo o en la pintura, donde tengo muchas limitaciones y no me importa reconocerlo. Mi única virtud consiste en tener cierta gracia en casi todo lo que he emprendido, pero a nivel técnico, no soy ninguna Da Vinci. Aborrezco la etiqueta de “multidisciplinar” como si fuera una especie de súper poder. Creo que casi todos los artistas pueden moverse entre dos, tres o cuatro disciplinas sin problema. A la hora de expresarte, recurres a una u otra según se acomode a lo que quieras decir. La cosa funciona así. Quizá antes me expresaba a través del dibujo con mayor seguridad, pero empleaba demasiado tiempo material en ilustrar algo que prefería contar con palabras pero no sabía cómo. La literatura ha estado siempre muy ligada a la música, por ejemplo, de modo que puedes cantar lo que quieres contar, o contar sobre el papel lo que no te atreves a cantar. Así, muchas disciplinas están íntimamente conectadas, como todo tipo de artes plásticas. Por eso, la multidisciplinaridad es algo bastante común, casi natural diría yo.

M.- ¿Las láminas que haces están relacionadas con los textos de tus libros, o surgen como algo completamente independiente?

A.- Hace mucho que no dibujo por mis problemas de espalda. Por falta de espacio, también. Pero todo guarda relación, todo está conectado. Supongo que te refieres a dibujos o pinturas más antiguas, pero hace ya mucho de eso, estaba en otra onda muy oscura, loquísima. Ya pasó. Tiene que ocurrir un milagro para que vuelva a sentarme y terminar un cuadro.

M.- He preguntado a amigos poetas, pero cada uno me da una respuesta diferente a esta cuestión: ¿cuándo se cierra un poemario?

A.- En mi caso, cuando observo que hay cierta unidad entre un conjunto de textos, o un hilo conductor. Yo voy escribiendo, día sí, día no y guardándolo en una carpeta. De esa carpeta, suelen salir un par más, por lo que ya tengo tres carpetas o proyectos diferentes bajo distinto nombre. Llega un momento en que una de esas carpetas es lo bastante grande para llenar un poemario y así lo hago. Las otras dos quedan en barbecho y vuelta a empezar.

M.- ¿Crees que el poeta escribe bajo el imperio de la emoción?

A.- Y bajo el imperio del alcohol, sobre todo. Supongo que en general somos bastantes intensos, exagerados y dramáticos, o eso se dice. Pero, ojo, hay varios tipos de poetas, como hay diferentes tipos de músicos. Un músico de jazz no se parece en nada a un guitarrista de flamenco o a un tipo que compone reguetón. Con la poesía pasa lo mismo, hay muchos estilos y cada uno tiene su público. En mi caso, me resulta abominable la sensiblería, el romanticismo manido y huyo de ciertas exaltaciones y lugares comunes de los que se suele pecar en poesía. Aunque como ya te dije, hay de todo. Pero volviendo a tu pregunta, vale, sí, supongo que si no estuviese cabreada, emocionada, enamorada o desenamorada, enferma de ansiedad o deprimida con frecuencia, no escribiría. Me dedicaría a algo productivo que me diera dinero. PAM!

M.- ¿Algún día te leeremos en narrativa? Puede ser en una novela corta, por ejemplo.
 
A.- Muchos de mis textos son narrativos, me gustan los relatos cortos, pero dudo de mi capacidad para hacer una novela. Soy demasiado inconstante e impulsiva. No la acabaría jamás porque cambiaría de idea cada cierto tiempo, la corregiría y retocaría cientos de veces y perdería la frescura. Quizá alguna novela corta estaría dentro de mis posibilidades, si pudiera concentrarme lo suficiente. Pero ¿CUÁNDO? En mi calle llevan de obras dos putos años y es imposible. Valencia, siempre en fallas o en obras, el caso es hacer ruido, ¡socorro!

 

M.- Háblame de Cómo salir ilesa de una misma. Cuéntame las primeras reacciones del público a tu nuevo niño de papel.

A.- Hemos sacado la segunda edición en tan solo dos meses, así que supongo que muy bien. Como nadie es profeta en su tierra, las dos presentaciones en Valencia no estuvieron mal, pero mucho mejor fueron las de Sevilla y Madrid.

M.- Sangre en las rodillas fue uno de los primero libros que leí y todavía recuerdo partes en conversaciones con amigos. ¿Escribes para los que sangramos?

A.- Le tengo mucho cariño a ese libro, fue mi primera “autoedición”, después de no comerme una mierda con el primer libro que saqué con editorial. Primero tuvo un tamaño de bolsillo, muy pequeñito, y se empezó a vender muy rápidamente. Gracias a eso pude seguir sacando los siguientes, endeudándome de nuevo, y así hasta ahora. Cuando crees que has conseguido algo de moneymoney, tienes que volver a reeditar y te quedas a dos velas.
 
 
Sangre en las rodillas - Ana Elena Pena


M.- ¿Cuál es tu siguiente proyecto?

A.- No sé. Improviso sobre la marcha. De momento sigo escribiendo, a ratos, cuando no están martilleando en la pared de al lado o taladrando la calle. Sigo también con el Cabaret Histérico y el Cabaret Quinqui. Estamos actualizando repertorio para volver en septiembre, que en verano hay poca actividad.

M.- Balazos (Preguntas de respuesta rápida).
M.- Un estilo musical.
 
A.- Casi todos, pero a modo de guilty pleasure, copla.

M.- Un ilustrador.

A.- Henry Darger, el más moderno y auténtico de todos.

M.- Un color.

A.- ¿Como en los tests del nuevo Vale? Ok. El turquesa :)

M.- Un lugar.

A.- El País de las Maravillas.

M.- Un cuadro donde vivir.

A.- Tree of Life de Mark Ryden

M.- Una diva.

A.- Lola Flores

M.- Gracias.

A.- A ti!

martes, 23 de mayo de 2017

Entrevista a Óscar M. Prieto "40"

40 – Óscar M. Prieto


Miriam: Gracias por venir a este sitio de bien con tu nuevo libro. 

Óscar: Gracias por seguir por aquí y abrirme de nuevo las ventanas.

M.: He ido anotando preguntas según leía la novela, así que allá van, desordenada y locamente.

Ó.: Intentaré contestarte por orden pero no descarto del todo la locura.
 
M.: ¿Qué escritura haces, automática o meditada?
 
Ó.: ¿Automática? Decía Raymond Chandler que con el tipo de tramas que se escribían (hablaba en los años 40) no sería de extrañar que pronto las escribieran máquinas. En un capítulo de los Simpson creo recordar que salía una sala de guionistas de unos estudios de cine y al entrar eran todo monos sentados delante de pantallas de ordenador. No, no escribo automático, eso lo dejaré para cuando un psiquiatra me pida respuestas sin pensar. La diferencia entre la vida y la escritura es escribiendo tienes la oportunidad de meditar, de pensar cada verbo, cada acción, de volver atrás y de rectificar, de corregir. Para escribir prefiero aprovechar esa ventaja y dejar la espontaneidad para vivir.

M.: Sospecho que el nombre del protagonista está relacionado con el que le has puesto a tu blog, ese universo tan tuyo. Háblame de él.

Ó.: Te refieres a Patacosmia. Una aventura feliz en la que me lo pasé muy bien descubriendo y creando ese universo surrealista y libérrimo, de palabras e imágenes. Pero no, el nombre de Cosmo nada tiene que ver con ello. En realidad viene de una serie de televisión, una que me ha hecho pasar muy buenos ratos, Senfiel, en la que uno de sus personajes se llamaba Cosmo Kramer. Creo que esto no tiene demasiada importancia, quizás por eso sea necesario contarlo.
 
M.: ¿Por qué tus personajes tienden a sufrir problemas cardiacos?
 
Ó.: ¡No me había dado cuenta de ello! Pero es cierto, Palmer y Cosmo y también en parte Aldous tienen algún problema cardiaco. Es más, Palmer fue trasplantado y tiene un corazón de mandril. Es curioso, sí. Los tres son personajes andan un poco perdidos y supongo que el reflejo de uno mismo en el cristal de la lámpara de un quirófano debe de ser una imagen poderosa, persuasiva, para comenzar a buscarse.
 
M.: Leyéndote sospecho que uno de tus escritores es Cortázar. ¿Qué otras obras te inspiran?

Ó.: Bueno, creo que no hace falta ser Jessica Fletcher para descubrir que Julio Cortázar es una de mis pasiones. En “40”, le tributo un pequeño homenaje y su Horacio y a La Maga, que quedaban sin quedar, sin fijar hora ni lugar para la cita.

Portada de 40
40 por Óscar M. Prieto (ISBN: 978-84-16613-64-9) editado por EOLAS ediciones

Un escritor debe ser primero un apasionad lector. Sólo así se aprende. Y se aprende de los libros buenos, pero también de los malos. Con los años he ido conformando un círculo más íntimo de escritores a los que visito con frecuencia y con placer. Es un grupo heterogéneo que incluye a los trágicos griegos, a Montaigne, a mis queridos surrealistas, como Crevel o Viant, a algunos eslavos que siempre me sacan del camino, Pavic y Danilo Kis, no faltan italianos, Pavese, Calvino, Erri de Luca, me gustan los franceses, Michaux, Michon,… En mi lengua materna casi todos y Borges siempre. Lo importante es leer, aunque sean prospectos de medicamentos a su Horacio.

M.: Vaya tela con el primer capítulo. Cuando uno pensaba que no había nada peor que terminar un día en las urgencias de un hospital, va y resulta que sí.
 
Ó.: A veces nos quejamos por un catarro sin darnos cuenta de que hay cosas mucho más graves. Tenemos tendencia a resaltar lo malo que nos sucede sin poner en el otro platillo de la balanza todo por lo que deberíamos considerarnos afortunados. Como no sabemos que nos puede suceder mañana, hay que aprovechar cada instante y vivirlo con ganas. De esto va la novela. Pero bueno, al final, eso que tú dices todavía peor del primer capítulo, no fue tan malo, al contrario, fue una suerte para Cosmo. En nuestra mano está convertir aquello que nos viene en una oportunidad.

M.: Hay un montón de saltos temporales en la novela. Muy precisos y detallados...
 
Ó.: Sí, siempre me han divertido los saltos temporales, me parecen una forma muy interesante de contar una historia. Creo, además, que son más fieles a la realidad, porque la realidad nunca es lineal y mucho menos nuestras vidas. Vivimos saltando constantemente del presente al pasado, del pasado al futuro, del recuerdo al objetivo, de la nostalgia al deseo. Pero sí, es cierto que en “40” he sido un saltarín en el tiempo. Siempre es arriesgado, así que me alegro que a ti te hayan parecido precisos y detallados.
 
M.: De un apasionado encuentro, a un hospital y luego a una comisaría, pobre Cosmo.
 
Ó.: Para nada pobre, al contrario, yo diría afortunado Cosmo, porque todos esos acontecimientos repentinos, inesperados, le sacaron de la rutina de una vida fácil, blanda que ya le aburría, le pusieron en movimiento, le despertaron. Afortunado porque supo darse cuenta a tiempo de que la vida es riesgo y aventura.
 
M.: Cosmo odia la novela histórica ¿y tú?
 
Ó.: He aparcado los apuntes de Historia para contestar a tus preguntas. Tengo examen el jueves. Yo no odio la novela histórica, pero creo que como género literario provoca efectos perniciosos. Hace daño a la Historia, a la Literatura y me temo que también a los lectores. Si me interesa algún episodio o alguna época histórica, prefiero leer un buen ensayo.
 
M.: Cosmo tiene citas con el destino. ¡Qué peculiar!
 
Ó.: Todos tenemos citas con el destino, con nuestro destino. Por destino no entiendo algo escrito antes, nada predeterminado. Cada uno tiene su propio destino y es único, irrepetible e intransferible. Somos nosotros mismos quienes lo vamos escribiendo con cada decisión que tomamos, sólo nosotros somos responsables. En “40” el destino es junto a Cosmo el protagonista, porque al final son uno y el mismo.
 
M.: Otro de los destinos de Cosmo es la aurora boreal, ¿por algo en concreto?
 
Ó.: La aurora boreal es uno de los espectáculos más sobrecogedores que se pueden contemplar. Es tan grandiosa que nos da la medida de nuestra pequeñez y al mismo tiempo la alegría de disfrutarla. La vida nos hace regalos cada día que no cuestan dinero: el silencio de un bosque, las nervaduras en las hojas de un repollo de berza, un sendero de hormigas, la quietud de los árboles, la corriente de un río, las estelas que dejan los aviones en el cielo… Todo al alcance de todos, si abrimos los ojos.
 
M.: Hay un cambio narrativo importante respecto a "Love is game" o "Berlín Vintage". ¿A qué se debe?
 
Ó.: No sé si se trata de un cambio, quizás de una evolución. No se debe escribir siempre la misma novela. Hay que salir de las sendas que ya han sido transitadas. Qué aburrido sería siempre lo mismo, para mí y para los lectores. Pero sí, “40”, es una novela diferente.
 
M.: Y acaba el capítulo III con una bofetada, justo cuando habíamos olvidado a Gestas.
 
Ó.: De eso se trataba. Somos seres precarios. Creemos que sabemos pero ninguno sabe lo que le puede suceder cada mañana al salir de casa. Nos gustaría conocer todas las claves pero, como las ignoramos casi todas, deberíamos aprender a afrontar lo que nos llegue, a aceptarlo y devolverlo al mundo mejorado. Es así como nos hacemos dueños de nuestro destino y sólo por esto debemos rendir cuentas.
 
M.: El Aleph de Borges, también es importante en esta obra, eso y la capacidad de dar nombre a las cosas.
 
Ó.: El Aleph es “donde se encuentran, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Así lo dice Borges y así nombré a un minúsculo trocito de monte de mi pueblo, en el que he plantado árboles y donde he escrito esta novela. En el Aleph y en Roma. Nombrar es la facultad que tiene el ser humano para aprehender la realidad.
 
M.: Hay cambios de narrador y de objetivo en el texto. ¿40 refleja tu nuevo estilo?
 
Ó.: En realidad no hay cambios de narrador en la novela, siempre es el mismo, lo que cambia es la persona. Es un narrador que comienza contando en tercera persona, para pasar después a la segunda persona y finalmente concluir hablando en primera persona. No se trata de un juego literario, en ello está parte de la esencia de la novela. Sobre si refleja mi nuevo estilo, qué quieres que te diga. Todas mis novelas han sido muy diferentes entre sí y supongo que la siguiente también lo será, aunque en todas creo que se puede escuchar la misma voz.
 
M.: Las ocho últimas páginas son de angustia pura y dura. A las 2:54 de la madrugada y seguía leyendo.
 
Ó.: Si he logrado que el lector, tú como lectora, llegues a las últimas páginas y sigas leyendo de madrugada porque no lo puedes dejar, porque necesitas saber qué va a pasar, entonces me doy por satisfecho, aunque a ti te haya costado levantarte al día siguiente.
 
M.: Me quedé con ganas de saber por qué alguien no le pagó el desayuno a otro alguien y qué fue de ella, ¿puede haber un spin-off en proceso por ahí?

Óscar M. Prieto
 Óscar M. Prieto (web)

Ó.: Bueno, aunque habían apostado un desayuno, nadie lo pagó porque se tuvieron que ir pitando a urgencias, parece una razón justificada. En las novelas no es diferente de lo que sucede en la vida, hay personajes que aparecen y luego se van.
 

M.: ¿Hay algo que quieras comentar y no te haya preguntado?
 
Ó.: Sí: SALVEMOS LA PLAZA DEL GRANO.
 
M.: ¿Qué proyectos hay para el futuro?
 
Ó.: Estoy con mi próximo libro, que será el libro de familia, porque me caso el 2 de septiembre.

martes, 9 de mayo de 2017

Reseña de 40 - Óscar M. Prieto

Hay libros que no dejan indiferentes y bueno, esto es en esencia el efecto que deben producir. Dicen que si sales ileso de un libro es que nunca entraste. Yo, a mis treinta y pocos, he entrado en 40, quizá porque el autor tiene una narrativa que envuelve o puede ser porque echaba en falta esas historias tan de Óscar M. Prieto. Minimalistas pero que a un tiempo son capaces de envolver universos enteros. Muy en referencia a esto encontramos el nombre del protagonista, bautizado como Cosmo (en referencia por yo lo digo, conste, el autor no señala nada al respecto). Cuando la historia comienza, está a punto de cumplir los treinta y nueve. 40 narra el viaje macabro en ocasiones, tortuoso en otras y de belleza extravagante que sucede en esos días que separan una fecha de otra.


40 por Óscar M. Prieto (ISBN: 978-84-16613-64-9) editado por EOLAS ediciones


Muy intenso y en ocasiones estremecedor, unos contrapuntos cuidados entre el protagonista y el destino, entre escenas que dejan al lector con la boca abierta, otras que indignan y las que provocan cierta ternura e incluso complicidad con este personaje tan peculiar al que no cuesta ponerle cara.

Lo recomiendo, por supuesto.

Todos los libros de Óscar son distintos y creo que no podría decidir un favorito, pero creo que en este hay una gran apuesta que merece ser reconocida y alabada, en Madrid, León, España, Francia en una cafetería desierta o en el mismísimo Aleph del protagonista.

Salud.

domingo, 30 de abril de 2017

Sant Jordi, la semana loca y La máquina de besos.

Bueno, pues aquí estamos después de una temporadita fina, fina, en la tranquilidad de mi casa compartida con Ximo, en el sofá, con nuestra gatita Morgana maullando perdida de celo, y con los pies en alto (yo, no la gata), porque al fin tengo un ratito para sentarme a teclear tranquilamente y hablar de lo transcurrido estas últimas semanas.
Ha sido una locura, así: literal y tópico. Una locura intensa que dio su pistoletazo de salida el pasado día 15 de abril en el evento Mecánica Steampunk de Ponferrada, llevándome luego a la feria del libro de la misma localidad, de viaje León-Valencia, a la Feria del Libro de Valencia, a la llegada de mi nuevo libro con Manuel Lermas Almas de vinilo y a mi primer Sant Jordi en Barcelona, todo esto en una semana.
Claro, así a simple vista parece poca cosa, pero si le sumas que durante esa semana llegó mi familia a casa para pasar juntos las vacaciones de Semana Santa y todos en general nos volvimos muy locos y dispuestos a viajar lejos, lejos, para mojarnos en una cascada, a hacer procesiones paganas con otros tantos cientos de personas, a dormir lo justo y beber lo menos, pues oye, todo coge un tonillo intenso que te deja agotada, con la lengua fuera, despeinada y diciendo “laaaaaa madre’l cordero vaya semanita”.
Pero ha molado. Ha molado mucho.
No entraré más en detalles personales y sí en los literarios, que es lo que nos ocupa en este lugar de bien, así que ya os relato la crónica de esa primera vez en la feria donde todos los escritores quieren estar: Sant Jordi.
Seis de la madrugada, suena el despertador, Raúl, Luis y yo bostezamos muy fuerte (cada uno en su habitación y tal) y chocándonos por la casa desayunamos para poner rumbo a Barcelona. Nos ampara la noche durante un ratito. El amanecer nos encuentra escalando el país por la N340, esquivando peajes con elegancia. El sueño reaparece en el asiento trasero del coche, en el que voy hecha un ovillo pensando en la suerte que tengo al poder estar ahí mismo, en ese coche, mi coche, para cumplir el sueño de ver lo que considero la fiesta del libro más grande de España. Mis acompañantes hablan bajito, susurran historias que les fueron sucediendo hace mucho tiempo. También ellos se sorprenden de cómo las cosas cambian, mientras dejamos Port Aventura y su montaña rusa gigante a un lado en nuestro imparable ascenso.
Ya se ve el mar desde hace rato. Ellos, gentes de montaña, lo disfrutan de una forma que conmueve. Yo ya conocía la costa catalana, pero eso no quita que la siga considerando una de las más bellas en este feliz reencuentro.
Poco tardamos en ver la urbe gigantesca que nos recibe escondida tras grandes torres de oficinas, en carreteras de cinco y seis carriles que casi dan miedo al verlas tan grandes. Siguiendo los consejos de Siri, llegamos a destino. Bueno, primero llegamos al aparcamiento.
¡Ya estamos! ¡Ya estoy! Super nerviosa, super contenta y super sorprendida de ver la cantidad de rosas y libros que hay por la calle. Me enternezco toda porque me parece una maravilla (y ahora, después de haberlo vivido de cerca, todavía más). Vale que sea el día, vale que quien compra libros habitualmente no compra en Sant Jordi, vale lo que quieras, pero Barcelona, ya preciosa de por sí, está más guapa este día de abril.
En el stand de Escarlata, caras conocidas, reencuentros y abrazos: Lorena Pacheco (de la que me declaro fan porque no puede molar más) y Ash (idem de lo mismo) esperan junto a otros nombres familiares a los que al fin pongo cara. Son compañeras: Violeta Otín, Ester Pablos y otras que me dejo.
No sigo contándoos lo fantástico que es poner unas fotos del almuerzo con café y PAN TUMACA (así, en mayúsculas para fastidiar a los que se piquen) y que aparezcan conocidos a contarte que te han timado, pasando de eso (xD). Volveré a la feria porque a pesar de que el stand no estuvo situado en el mejor lugar, vimos movimiento, hubo mucha gente que se detuvo a interesarse por las obras que firmábamos y en general, Barcelona se mostró tan culta y emblemática como recordaba en mis muchas visitas al Salón del Cómic y del Manga. La gente encantadora, educadísima, colaboradora. Las mesas (no solo la de Escarlata) a rebosar de personas decididas a tomarse el tiempo de escuchar, de pasear, de disfrutar del sol y los libros. Y una, la que escribe, que estaba por primera vez mimetizada con el paisaje mientras Sant Jordi le daba cañita al dragón, flipando con cuanto veía y deseando experimentar mucho más: más libros, más firmas, más arquitectura, más cultura.  

¿A qué viene este post? ¿Por qué si ya ha pasado una semana? Lo he escrito porque os recomiendo muy fuerte que vayáis el año que viene, escritores y lectores: vale mucho la pena.


El regreso a casa fue con el atardecer, La Sagrada Familia caliente en las retinas y la impresión de que tanto para mí como para mis compañeros de viaje y mis compañeras de firma, fue un día grande.
Salud. 





jueves, 30 de marzo de 2017

Especial 3 La máquina de besos: La ambientación.


Si a día de hoy Londres es una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, coincidiréis conmigo al pensar que en el siglo XIX era lo mismo pero elevado a la máxima potencia.
He ambientado la historia en el victorianismo medio, cuando fue celebrada la auténtica Gran Exposición (que yo he llamado la Exposición universal en la novela), en plena época de industrialización y cambios sociales tales como, por ejemplo, los relacionados con la mujer (aunque el hombre seguía siendo protagonista de la escena absolutamente), que a pesar de seguir sin derecho a voto, consiguieron, entre otros, el derecho al divorcio. Esto que ahora nos suena tan normal en aquella época era cosa tensa, principalmente porque la sociedad estaba más encorsetada que la propia reina. Había prejuicios potentes relacionados con la moral, también se le daba gran importancia al tema del ahorro, el afán de trabajo, etc. Era muy importante el tema de los deberes de la fe, o cosas como descansar los domingos. Te podían echar a los perros si te veían currar a destiempo… Ya ves.
Me vino bien cómo funcionaban las mujeres de buena posición entonces, sobre todo para Charlotte y el desarrollo de la actividad de Las ánimas. Aquello de pertenecer a lugares privados, moverse entre bambalinas: sí, todo eso. También estuvo bien para justificar en cierta manera la reacción social ante el escándalo del palacio, o cómo se trata a Lord Arlington y todas esas cosas. Imaginaos, si a Oscar Wilde le condenaron a trabajos forzados por las sospechas sobre su homosexualidad, la cosa podía haberse puesto fatal ante una denuncia por poner en peligro la integridad colectiva.
Algunos me habéis dicho que Gary da un poco de pena por aquello del trabajo temprano. Bueno, pues en la época era totalmente normal, y eso que en esta ficción concreta existían artilugios y cosas que ayudaban (no he descrito ninguna máquina a parte de la de besos profundamente en la novela, salvo la estructura externa de los andamios del palacio y el mecanismo para retirar las planchas).
En determinado momento sabéis que la ambientación cambia: pasamos de una sociedad de lo más relamido a otra que es prácticamente agraria todavía, de hecho, a excepción de ciertos edificios, bancos, balnearios, palacios y gentes de bien, Valencia podría ser un pueblo grande. Amurallado, eso sí.
Me gusta mucho, muchísimo leer que olisteis el mar cuando Lord Arlington llegaba a esos puertos tan especiales, o la vegetación mientras viaja a ese lugar que todavía no desvelaremos por respeto a los que siguen leyendo o leerán la novela. Me gusta un montón. Es como que se cumple el cometido de todo autor que quiere comunicar algo al público.  













miércoles, 29 de marzo de 2017

I Congreso de novela de Valencia

Como digo muchas veces, en ocasiones las imágenes valen tanto como las palabras, así que vamos a abreviar hasta que desarrolle mi reseña del evento, muchachos.









lunes, 13 de marzo de 2017

Especial 2 La máquina de besos: Los personajes.

Especial La máquina de besos 2. Los personajes. Me encantan las novelas con personajes que podrían pasar perfectamente por reales. Siempre he tenido problemas a la hora de creerme que alguien, sin ningún motivo de peso, abandone su vida para dedicarse a perseguir algo porque sí. No, mis personajes principales no siguen esas pautas. Sus motivaciones, con mayor o menor relevancia, están bien definidas. ¿Hablamos de ellos? Empezamos con Lord Daniel Arlington. Es el heredero de los altos hornos británicos que decidió dejar de lado la empresa familiar, para dedicarse por completo a la ciencia y en otro nivel, a la arquitectura. Desde que tiene uso de memoria ha levantado envidias por su inteligencia y haber decidido vivir su vida como quería en realidad. Tiene un punto apasionado, casi infantil, pero exceptuando esto podríamos decir que el Lord disfruta en su rareza, convive con su ingenio. Este personaje es todo lo que un hombre algo excéntrico y alejado socialmente puede ser. Ahora le toca el turno a Charlotte Walls, hija de un doctor en medicina que parecía tener serios problemas mentales. Se trata de una pelirroja inteligente y desgarbada, que ha vivido sus veinte años de edad encerrada en la mansión familiar sin ningún espejo a la vista. Esta privación de toda referencia externa la ha convertido en un personaje extraño, de estilo anticuado incluso para el Londres victoriano. Si tuviera que compararla con otro personaje literario, diría que es una especie de Jane Eyre. Me gusta Charlotte. Admiro su fortaleza. Lucas es el cochero del Lord, pero también una especie de padre para él. Sucede lo mismo a la inversa: el cochero tiene consideración por Daniel más allá de lo que estipula su relación laboral. Es un hombre de más de sesenta años, canoso y discreto, de esos que alguien arrogante tomaría por un ser sin significación alguna, pero que esconde sombras y secretos enormes. Creo que las motivaciones de Lucas son de lo más justificadas. Ya me diréis vosotros. Está inspirado en todas esas figuras que imaginamos conduciendo una calesa, tapados hasta la nariz, realizando los servicios más urgentes y secretos a medianoche. Gary Olsen. Para hablar de este chaval voy a citar la fantástica reseña que me hizo Erial de la obra (luego os dejo el enlace para que podáis leerla http://ennemidusommeil.blogspot.com.es/2017/03/la-maquina-de-besos-resena.html?showComment=1488872348525): “Gary Olsen, un chico humilde que conoce al lord en la obra del palacio, cuando vuelve para revisar qué fue lo que falló en la estructura (…). Es casi un comic relief, pero también nos llena de ternura —y ganas de matarlo/abrazarlo por su impertinencia, a veces”. Erial tiene razón. Gary, desde el principio, estuvo diseñado para ser lo que no eran todos los demás personajes: espontáneo, cabezota, simpático y guerrero, un chico de los que emocionan y se dejan querer. Protagonista, no obstante, de una de las partes más oscuras de la novela. Por último os voy a hablar de Las ánimas no como personaje, si no como entidad. Esta secta lleva actuando en Londres más tiempo del que pueda recordar nadie. Su misión es… Bueno, creo que no os voy a contar más sobre los personajes. Mejor los descubrís por vosotros mismos. Solo debo añadir que he dejado muchos sin mencionar y que la misma Londres, o el puerto valenciano de zepelines donde se traslada la acción de la novela, así como tantos otros escenarios podrían considerarse personajes por sí mismos. Esa es parte de la gracia de esta ambientación con toques steampunk, que recurre a escenarios conocidos y los adultera lo suficiente para darles ese tono tan chulo y misterioso. Eso, quizá, toque para el próximo especial. Como no soy de ponerles cara a los personajes (me gusta no pisar la imaginación del lector y que cada uno imagine sus propios protagonistas), os dejo por aquí unas cuantas… http://www.escarlataediciones.com/producto/lamaquinadebesos/









martes, 7 de marzo de 2017

Especial 1 de La máquina de besos: El palacio de cristal


El palacio de cristal de Londres, o Crystal Palace, construcción en la que me he inspirado para crear el que aparece en La máquina de besos, fue erigido con motivo de la Gran Exposición del año 1851 (diez días oficiales de expo, ya ves). Como ha ido sucediendo a lo largo de la historia con otros palacios, este también fue trasladado poco después de terminar el evento (seis meses), aunque no viajó más que al distrito vecino, Sydenham Hill, bautizando la nueva zona con su nombre. 



Podríamos pensar que solo albergó la Gran Exposición, pero no es cierto para nada. Durante los años que se sostuvo en pie, el Crystal Palace fue escuela de arte, ciencia y literatura, además de tener su rinconcito de herbolario y dejar hueco, también, para ser sede de la escuela de ingeniería. 
Lamentablemente en noviembre de 1936, una explosión provocó el final del sueño, haciéndolo arder hasta los cimientos. 



Os diré que uno de los testigos de la devastación que lo destruyó en cuestión de horas fue el mismísimo Winston Churchill (el político británico que tuvo un papelón en la Segunda Guerra Mundial, sí: ese mismo). También, que a día de hoy de aquella maravilla solo queda un pequeño arco, brillando con el esplendor de un tiempo que no regresará, y que existe, donde estuvo, un parque que se llama el Crystal Palace Park (vamos, el parque del Palacio pero sin Palacio). 


También, y ya para terminar, os contaré que el palacio que hay en el Parque del retiro de Madrid, está inspirado en este que nos ocupa. 


He estado allí un montón de veces y cada vez que puedo me escapo para verlo de nuevo. Un día me voy a encontrar con Lord Arlington y Charlotte, plano en mano, buscando respuestas, estoy convencida. 



Hasta aquí este primer especial La máquina de besos, donde os iré contando, semana a semana, detalles que me ayudaron a escribir la novela, escenarios y cosas que, si os gusta esta ambientación tanto como a mí, vais a disfrutar mucho.  






Salud.