martes, 4 de junio de 2013

Fanfic El reTHORno de Loki

CAPÍTULO 9



Dorothy definitivamente no estaba en casa. Quiso creer que era una pesadilla, se hizo sangre en las palmas de las manos de tanto clavarse las uñas, pero no, ni con esas despertaba.
El gigante seguía cargando con ella a través de las áridas estepas violáceas, y aunque lo hizo con más delicadeza que la mostrada en La Tierra, Alex seguía sintiendo que aquellas enormes manos presionando su cintura acabarían por asfixiarla. Mientras su cabeza se movía de atrás a delante en un burdo intento por hacerse pasar por inconsciente, vio que allí, dondequiera que estuviera, nada se parecía a su hogar. No había árboles, no había plantas, ni siquiera había gravedad, o quizá sí, pensaba viendo rodar como a cámara lenta las piedras que se levantaban a cada paso del gigante.
Le había puesto algo en la boca, un extraño mecanismo que angustiosamente sentía también en las fosas nasales, abriéndose camino hasta sus pulmones. Aún así no protestó, ya casi ni lo notaba; igual le ocurría con los pies, la circulación se le cortaba despacio, el frío le calaba los huesos. Supo en ese instante que si no llegaban pronto donde quiera que fueran, ella lo haría cadáver.
Se desvaneció en el último tramo, pero recobró el conocimiento a tiempo de sentir una fiera sacudida, y acto seguido el golpe contra las piedras cuando el gigante la arrojó por un agujero. Acto seguido el monstruo le dirigió algo que serían palabras antes de cerrar la rejilla y mirarla desde arriba unos instantes.
Allí, en plena oscuridad y sin lograr comprender qué diablos había ocurrido, solo pudo sentirse indefensa, más que nunca. Llorar, también pudo hacer eso, pero fueron las lágrimas más saladas de toda su vida, y también, pensó hecha un ovillo, puede que las últimas.
Cuando su instinto primario de supervivencia tomó conciencia de que estaba en una celda, despertó potente, Alex se dejó las uñas rastreando aquel terrible agujero. Tal vez si pudiera escalar hasta la reja lograra sobrevivir, regresar a… «¿y cómo vas a regresar, Alex? ¿Cómo coño piensas hacerlo?», se preguntó cayendo de rodillas, sintiendo el peso de la impotencia.
Allí pasó horas, días o años, nunca lo sabría con certeza, envuelta por la inclemente oscuridad, hasta que un ruido la alertó. La reja se abría y una enorme mano bajaba para golpearse torpemente contra las paredes hasta localizarla, mientras gruñía, aquellas cosas no dejaban de gruñir ni un instante… Cuando finalmente estuvo acorralada, la mano la atrapó y sacó rudamente del foso, la agitó, la golpeó y fue ella quien gruñó cada vez más alto. El gigante no la entendía, no hacía falta: algo tenía que hacer además de gritar desesperada.
Alguien o algo se apiadó de su maltrecho cuerpo haciendo que aquel nuevo carcelero se percatara de que por más que la golpeara no entendía una palabra de lo que decía. Cuando el monstruo la dejó en el suelo y haciendo una serie de movimientos con las manos, se introdujo en su cabeza, casi se sintió agradecida.
La serie de imágenes vinieron solas: una especie de mesa de tortura, martillos, gritos, restos de un líquido verduzco, cuerdas, objetos punzantes… Todo eso le iban a hacer.
Alex preguntó por qué, protestó, y todo lo hizo sin separar los labios. A su vez el gigante le dio respuesta a modo de nuevas imágenes: Will en la fiesta, y después una gigante con un chal ensangrentado, los ojos fuera de órbita, muerta, asfixiada. Sin más diálogo, sus huesos volvieron a dar en el agujero.
El tiempo que siguió fue el peor de su vida. Escuchaba reír a aquellos monstruos ahí fuera, así, sin gruñidos, le hacían llegar sus amenazas. Alex sabía que iba a morir y el culpable de todo era Will, el falso Will… Estuvo confusa un tiempo, no lograba comprender por qué volvió a ser La Tierra atacada por los gigantes hasta que cayó en la cuenta y recordó unas imágenes de la televisión alemana. Will no era Will, Will la había engañado, Will no perdió la memoria, Will era un asesino, era Loki.

Un sonido le alertó mientras hacía zapping cómodamente en el sofá, era el teléfono sonando incansable. Odiaba aquel aparato, pero si no respondía sabía que volvería a sonar, una y otra vez hasta el tedio, ya había ocurrido antes.
Lo descolgó.
-¿Alexya?
-No.
-Oh, eres John Doe, perfecto, quería hablar contigo.
-No me llamo así.
-Es cierto, ¿cómo dijo Alexya? ¿Te llamaban Will?
-Sí.
-Vaya corazonada tuvo… Tengo una buena noticia para ti, muchacho, soy el agente Jackson, nos conocimos en el hospital ¿me recuerdas?
-Por supuesto.
-Hemos encontrado a tu familia. Tu auténtico nombre es William Henderson –dijo el agente con cierta emoción, aquello no siempre ocurría.
-¿De verdad? –se mofó él con una fría sonrisa.
-Eso parece. Estoy saliendo de la comisaría ahora mismo con la que puede ser tu madre, voy en dirección al domicilio de Alexya. ¿Está ella por ahí?
-No, ha salido.
-Vaya, necesitaré que firme unos documentos.
-¿Estás seguro de que es mi familia? –insistió Loki a quien todo aquello no podía resultarle más divertido.
-Por eso precisamente voy a buscarte, para que te reconozcan. Tardaremos unos quince minutos en… ¿Hola? ¿William?...
Loki tenía cosas más interesantes que hacer: seguir viendo el canal de aparejos extraños a precios asequibles que le había fascinado.
Lamentablemente no podría hacerlo mucho tiempo más. Tal como prometió el agente, en cosa de quince minutos él y una anciana llamaron a su puerta. Loki la abrió divertido, aquello era ridículo.
-William, John o como seas… esta señora es la señora Henderson.
Loki guardó silencio mirando aquellos ojos vidriosos. El corazón de la anciana temblorosa se rompió en aquel instante: ese chico no era su hijo William, desaparecido hacía años. No, no era él, pero…
-¡Hijo mío! –dijo abrazándose a su cintura con todo el amor que durante años había guardado para el encuentro con su propio muchacho-. Es él, agente, es él –no podría sobrevivir a una nueva pérdida, a una nueva negativa. Prefería vivir en la mentira a asumir que los rumores eran ciertos, que William se marchó con un traficante, se olvidó de ella, la abandonó…
…Igual que él había abandonado a Alex. Sabía que no la matarían hasta que fuera a su planeta, entonces, en cuanto le vieran la torturarían sin piedad para vengarse.
Aún abrazado a la anciana, Loki la hizo a un lado.
-No soy tu hijo, lo lamento –susurró confidente en su oído antes de desvanecerse frente a la atónita madre y el agente.
Aunque le sometieran a las más terribles torturas no diría una palabra. Antes prefería morir a reconocer que iba a atravesar el universo para salvarle la vida a una vulgar humana.


Habían tardado un par de días en idear un nuevo aparato, pero algo tenían que hacer para quitarse la desgracia de encima. Intentaron desplazar al maligno de muchos modos, pero finalmente solo uno dio resultado. La cosa era la siguiente: una Amapolixx se subiría a la fuente con el bastón de Jacintixx, la más antigua del planeta, que llevaba incorporada una pinza con la que ellas se sujetaban los cabellos al llegar el estío, cuando los bucles tratados a conciencia para que la brisa veraniega cambiara su textura por otra más etérea, se mostraban especialmente rebeldes. La joven amapolixx se encaramó a la fuente intentando acertar con el palo al cuerpo del anticitrixx sin demasiado resultado, como colofón, cuando manteniendo el equilibrio se giró hacia sus hermanas para pedir consejo, estas soltaron unas risillas que la pequeña amapolixx no comprendía.
-Querida, ¿por qué crees que al bastón le hemos puesto una pinza? –preguntó Jacintixx.
-¡Pero es demasiado pequeña! Ni siquiera puedo rodear la muñeca del Anticitrixx –dijo esta acalorada por el esfuerzo.
-Pues no le rodees la muñeca, rodéale lo otro, lo que cuelga.
¿Lo que cuelga?, se preguntó extrañada. ¿Qué cuelga?
Cuando levantó la cabeza al cielo una vez más se dio cuenta de que sí, parecía que el anticitrixx tenía una especie de gancho suelto… La joven amapolixx se decidió, por más que las otras continuaban con sus risillas ella intentaría atrapar el apéndice del anticitrixx con la pinza, antes de que finalmente la desgracia reinara sobre todas ellas.


¡¡¡UNOOOO!!! 



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