jueves, 21 de marzo de 2013

Fanfic: El reTHORno de Loki


CAPÍTULO 5

Tuvo pesadillas. Ese fue el motivo por el que al despertar, todavía en la cama, decidiera sacarlo de casa. La idea de estar rodeada de gente y con él, resultaba mucho más seductora que pasar otro día de encierro.
Bajó las escaleras clavando cada tacón en los peldaños, después se aproximó al sofá donde dormía.
–Buenos días –pero él no se movió–. William… Buenos días –repitió con más énfasis. Para su consternación, continuó sin dar resultado.
Alex acarició levemente su hombro.
–¿Qué? ¿Qué ocurre?
–Buenos días Will.
–Buenos días –respondió incorporándose con pesadez–. ¿Ya se te ha pasado?
–¿El qué?
–Lo que quiera que te ocurría.
–No me ocurría nada, es que necesitaba tiempo para mí –repuso Alex a la defensiva. Will tenía la habilidad de incomodarla incluso recién amanecido–. Puedes darte una ducha si quieres, vamos a salir.
No hizo falta añadir mucho más; le había bajado un par de tejanos, una camisa de felpa y el abrigo tipo tweed que regaló al ingrato de su exnovio, también ropa interior limpia.
Para sorpresa de Alex, antes de lo previsto William salía de la ducha con el cabello humedecido, peinado hacia atrás. No pudo evitar fijarse en sus ojos, brillando como si todo el agua de la ducha les hubiera aliviado de una neblina impertinente que empañaba su belleza. 


La intención de Alex era pasear, simple, y que les diera un poco de aire mientras tomaban el desayuno. Había muchos lugares donde perderse en Oregón, de modo que  con diligencia, encabezó la marcha hasta la zona donde más gente podría encontrar un domingo a las diez de la mañana: el lago helado. Era un lago como tal, helado como tal, pero con las instalaciones propias de una auténtica pista de patinaje. Una caseta tenía patines de préstamo, en otra se encontraban los urinarios portátiles, había otra dedicada a la enfermería, y otra donde se vendía comida basura.  Allí, cada domingo que traía el invierno, un centenar de patinadores disfrutaban sobre el hielo.
–¿Qué quieres tomar?
–La delicia amarilla.
–No, William: no se desayuna mostaza –dijo como si hablara a un niño. Loki apenas le prestó atención, estaba demasiado absorto por los humanos que se deslizaban en la pista llevando cuchillas en los pies.
–Entonces lo que quieras.
Parecía fascinado por lo que ocurría sobre el hielo, pensó Alex viéndole sujetar la caja de tres donuts sin probar bocado. ¿Qué estaría pasando en su cabeza? ¿Recordaría algo? Quizá le gustara patinar, quizá lo habría hecho habitualmente acompañando a su pareja, quizá…
–¿Por qué no lo hacemos?
–¿El qué? –preguntó ella con una sonrisa tensa. Tenía que trabajar aquella faceta suya, pensó, no podía estar siempre a la defensiva.
–Eso –dijo Loki señalando a la pista.
En Asgard no había placas de hielo, pero sí en su verdadero hogar y pese a ello nunca había visto a los habitantes de su planeta deslizarse tan grácilmente como lo hacían los humanos. Estaba desando probarlo, tenía que ponerse las cuchillas y recorrer el hielo como si volara, malearlo, integrarlo en sí mismo y ser amo de aquel elemento congelado que tanto se había resistido al cambio.
–Puedes hacerte daño –no quería desanimarlo, pero consideró una irresponsabilidad consentir que una persona con un reciente, e importante, golpe en la cabeza, se pusiera unos patines exponiéndose a recibir otro–. Es peligroso.
–No me haré daño: quiero hacerlo.
–Will… Si te caes quizá…
–Estoy bien –dijo mostrándole una leve sonrisa–. ¿Vendrás conmigo?
–Yo patino fatal.
–Ven, así me protegerás… –Loki acababa de descubrir cómo hacer chantaje emocional.
–De acuerdo –se rindió ella–, pero si acabas en el suelo no apoyes las manos, intenta caer siempre con el trasero, y por favor: no te golpees la cabeza.
Con más emoción de la que esperaba, Loki estuvo atento a todo el proceso: alquiler de patines, colocación de los mismos, primeros pasos… y todo lo hizo sin utilizar ninguna de las poderosas habilidades que poseía, intentando ser más humano que nunca. Mientras las cuchillas que llevaba en los pies acariciaban la pista comenzó a sentir algo que no esperaba, algo similar a cuando de niño, en Asgard, jugaba con Thor como si realmente fueran hermanos: Loki sonreía agarrando la mano de Alex, y lo hacía con ganas. Era como si sus pies no quisieran responder las órdenes que les daba, optando por una emocionante vida en la independencia. La humana le observaba sorprendida sin soltarle la mano, mientras él no podía dejar de reír yendo cada vez más deprisa, deslizándose sobre el hielo con emoción contenida.
–¿Te gusta? –preguntó ella también sonriendo.
–Me gusta mucho –dijo él tirando un poco más fuerte de su mano para aumentar la velocidad.
Pocos minutos después daba leves giros, más tarde soltó la mano de Alex para girar a toda velocidad, como si de una peonza se tratara, ante la fascinada mirada de la chica.
–Dios mío… –dijo atónita deteniéndose para observarlo junto al centenar de personas que también, atónitas, veían a un hombre en mitad del lago, dando saltos, quiebros y giros como un patinador profesional.
Estaba disfrutando tanto que Alex, silenciosa, abandonó la pista para descansar sin comunicárselo. Era obvio que no iba a caerse, no le hacía falta allí. Estaba sentada en un banco humedecido por la helada cuando alguien le toco el hombro:
–Cuánto tiempo sin verte.
–Jim… –ahora que estaba disfrutando, ahora que se había curado de todo lo que supuso romper con él, volvía a encontrarse con Jim y ojos castaños, su cabello claro, su sonrisa pálida. No podía creer que fuera a encontrarlo allí después de un año sin saber si respiraba o no.
Alex se levantó para enfrentarlo, no iba a permitir que la viera titubear ni un momento, eso era cosa de la otra Alex, la que consintió tantísimo lo que duró su relación.
–Te veo bien –dijo él pasándose una mano por el cabello–. Me dijeron que… bueno, que lo estabas  pasado mal.
–No sé quién te lo dijo, pero se equivocaba.  Estoy perfectamente.
–Estás a la defensiva, cariño, y sólo he venido a saludarte.
Loki la vio retirarse a los asientos y comprendió al instante: la resistencia humana no era como la suya, pero ahora hablaba con un hombre, estaba alterada, podía sentir desde allí la tensión en cada fibra de su cuerpo. ¿Quién era ese? ¿Por qué le producía aquella reacción?
–Te diría que fue un alivio desaparecer sin avisarte, pero no es verdad. Te he echado de menos más de lo que crees, sobre todo en… –Jim cerró la boca, Alex todavía no sabía por qué, pero el motivo estaba a su espalda. Loki se aproximaba, y con cada paso desentrañaba el misterio.
–¿Quién es? –preguntó asustando a Alex; dio un respingo sin saber qué contestar. Loki clavaba sus ojos en el desconocido, iban a pasar un buen rato escuchando todo lo que tenía que decir.
–… Sobre todo por la noche –continuó Jim–. Soy un bastardo, lo sé. Me gustaba utilizarte, me daba placer porque mi complejo de inferioridad es tan grande que no me siento bien si no humillo. Le estoy haciendo lo mismo a la chica que me tiro ahora. Le he dicho que estoy enamorado y me casaré con ella, pero voy a dejarla en cuanto consiga acostarme con su amiga. Soy más listo que todas vosotras juntas. Lo único que tendríais que hacer para hundirme es despreciarme, pero nunca lo hacéis aunque tú estuviste cerca, por eso me marché. Cuando alguien me desprecia siento lo débil que soy y entonces… ¿Qué?... ¿Por qué estoy diciendo todo esto?...  ¿Ese tío lleva mi abrigo?
–No es tu abrigo, es mío, y se lo he regalado –dijo ella meditando todo lo que acababa de escuchar–. ¿Sabes Jim? Me ha gustado hablar contigo porque sí, te desprecio, y no por lo que acabas de decir, es que ¿sabes? Yo tengo ese super poder.
Loki dejó escapar una sonrisa que se volvió carcajada cuando Alex, caminando delante de él y con decisión, dejó al boquiabierto Jim a su espalda, para pedir que le enseñara a patinar como había hecho hacía escasos momentos.


El atardecer les pilló por sorpresa de regreso a casa. El cuerpo de Alex estaba lleno de sentimientos enfrentados. Haber encontrado a Jim, que viera a William y empezara a decir todas esas cosas no fue lo mejor de la jornada; lo mejor fue disfrutar de un día como aquel con él, verlo divertirse sin rastro de inquietudes ni dobles intenciones, que la levantara en brazos haciéndola girar en la pista de hielo, cuando se acercaron tanto que pudo oler el aroma natural de su cuerpo, embriagador.
–¿Cómo te encuentras, estás mejor?
–¿Sabes? Podría acostumbrarme a esto –respondió ella sonriéndole.
Por supuesto que podría, William era encantador, desconcertante en ciertos aspectos y con esa facultad suya que la incomodaba porque parecía leerle la mente, pero aun así podía imaginarse despertando con él una la mañana, agarrando su mano, o preparándole donuts con mostaza para desayunar… Alex sonrió para sí. Era una locura, todo aquello era lo más raro que había vivido nunca, y lo peor era que tenía fecha de caducidad. Tarde o temprano William recuperaría la memoria, recordaría a la novia que seguro le esperaba en algún lugar, y saldría de su vida tras agradecerle todo lo cuanto hizo por él.
–¿Qué te inquieta? –preguntó Loki, que había estado atento a cada pensamiento de Alex.
–Nada –respondió ella sacando las llaves de casa. Se adelantaba para abrir cuando él le agarró la mano.
–Alex… –dijo antes de acariciar su mejilla para deslizarla por el cuello atrayéndola a su boca–, Alex… –repitió al sentir los brazos de la chica rodeándole.
Anclado a ella empujó la puerta para acceder al interior, entre lenguas viajeras y sensaciones que también eran nuevas para él.  


 Bueno bonicos, ya no queda na de Fanfic. Estáis silenciosos pero venís a leer, eso es buena señal...
Ale, ya me contaréis ^^




2 comentarios:

Asunción Macián Ruiz dijo...

asdñNasd asmdna sd asmd asmdasdaLOOOOOOO KIIIIII LOOOO KIIIII PÉTATELAAAAAAAAAAAAAAA xDDDDDDDDDDDDDDDd

Mimi Alonso dijo...

Creo que tiene ganas... Sep xDDDDD